Laura Villaseñor y el futuro de la enfermería: el sistema sanitario tendrá que aprender a cuidar

Artículo de opinión · Liderazgo y referentes FNN

Una reflexión de Petra Moreno después de conversar en Foro FNN con Laura Villaseñor, presidenta de SATSE, sobre cuidados, cronicidad, reconocimiento profesional y el papel que puede desempeñar la enfermería en el futuro de nuestro sistema sanitario.

Muchas trayectorias de liderazgo probablemente no comienzan queriendo liderar, sino encontrando algo que uno ya no está dispuesto a considerar normal.
Petra Moreno, FNN Formación
Petra Moreno FNN Formación Reflexiones sobre profesión, liderazgo y evolución de la enfermería a partir de las conversaciones de Foro FNN.

Hay una respuesta de Laura Villaseñor que se me quedó especialmente grabada después de nuestra conversación.

Cuando le pregunté cómo se llega desde la asistencia a presidir SATSE, esperaba encontrarme con una trayectoria profesional, una sucesión de responsabilidades o quizá con la historia de una carrera sindical. Sin embargo, Laura empezó por otro sitio.

Habló de algo que le molestaba desde muy joven: el profundo desconocimiento sobre lo que son y hacen las enfermeras y el escaso reconocimiento que recibe el valor de los cuidados. Esa inconformidad, esa sensación de que la profesión aportaba mucho más de lo que se veía y se reconocía, fue una de las razones que terminó acercándola al ámbito sindical.

Y mientras la escuchaba pensé que muchas trayectorias de liderazgo probablemente empiezan precisamente así. No necesariamente queriendo liderar, ni buscando ocupar una posición determinada, sino encontrando algo que uno ya no está dispuesto a considerar normal.

En el caso de Laura, ese recorrido la ha llevado hasta la presidencia de SATSE y, con ello, hasta una de las posiciones con mayor capacidad de interlocución dentro de la enfermería española.

Pero quizá lo que más me interesó durante nuestra conversación fue que detrás de esa representación institucional sigue apareciendo constantemente la enfermera.

Laura ha trabajado en hospitales públicos y privados, en consultas, en el ámbito sociosanitario y como enfermera escolar. Ha desarrollado una parte importante de su trayectoria en La Paz y Puerta de Hierro, es especialista en Enfermería Pediátrica y también ha dedicado años a la formación. Su llegada al ámbito sindical vino después.

Por eso, cuando habla de la profesión, no habla únicamente desde una mesa de negociación.

Habla también desde haber cuidado.

Y creo que esa diferencia importa.

Una profesión que ha cambiado mucho más de lo que a veces somos conscientes

Una de las primeras preguntas que le planteé fue qué le preocupaba del presente de la enfermería, pero también qué le hacía mirar con ilusión hacia su futuro.

Laura decidió empezar por la parte positiva.

Y me gustó que lo hiciera.

Porque quienes vivimos cerca de la profesión enfermera estamos acostumbrados a escuchar —muchas veces con razones suficientes— todo aquello que todavía falta: reconocimiento, desarrollo, plantillas, competencias, condiciones laborales o capacidad de decisión. Pero existe el riesgo de que, mirando permanentemente lo que queda por recorrer, olvidemos cuánto camino se ha recorrido ya.

Laura hablaba de los últimos cuarenta años y de una transformación que calificaba como exponencial. En un periodo relativamente corto para la historia de una profesión, la enfermería ha aumentado enormemente su cualificación, ha adquirido nuevas competencias, ha desarrollado nuevas posibilidades profesionales y ha empezado a ocupar espacios que unas décadas atrás difícilmente habríamos imaginado.

Ese crecimiento me parece uno de los puntos fundamentales de nuestra conversación, porque introduce una paradoja que va a aparecer una y otra vez cuando hablemos del futuro de la enfermería.

La profesión ha evolucionado muy deprisa. La pregunta es si el sistema sanitario ha evolucionado al mismo ritmo para aprovechar todo ese desarrollo.

Y esa pregunta resulta todavía más importante cuando observamos cómo está cambiando la población a la que tenemos que atender.

La sociedad que viene va a necesitar cada vez más cuidados

Laura hizo después una reflexión que para mí contiene buena parte del debate sanitario de las próximas décadas.

Tenemos una población cada vez más envejecida, con mayor cronicidad, más pluripatología y necesidades asistenciales cada vez más complejas. Y esa evolución cambia inevitablemente aquello que necesitamos de nuestro sistema sanitario.

Durante muchos años hemos podido pensar el cuidado como algo que acompañaba a la asistencia. Sin embargo, cuidar a una persona mayor, frágil, crónica o con varias patologías simultáneas no consiste simplemente en resolver necesidades básicas. Hablamos de cuidados profesionales complejos, que requieren conocimiento, seguimiento, capacidad de valoración, educación sanitaria, prevención y continuidad asistencial.

Laura planteaba durante la entrevista que la enfermería tiene ante sí una oportunidad enorme: liderar esos cuidados y liderar una parte importante de la atención que va a necesitar la población durante los próximos años.

Y creo que debemos detenernos en esa idea.

Porque quizá dentro de algún tiempo dejemos de hablar de los cuidados únicamente como una dimensión asistencial y empecemos a comprenderlos como una verdadera estrategia de sostenibilidad sanitaria.

Evitar una descompensación, mantener la autonomía de una persona, conseguir una buena adherencia a un tratamiento, detectar precozmente un empeoramiento o evitar un reingreso no son cuestiones menores. Son resultados asistenciales y, al mismo tiempo, son una forma extraordinariamente efectiva de utilizar mejor los recursos del sistema.

Por eso me parece que la evolución demográfica nos está poniendo delante una oportunidad casi histórica para la profesión enfermera.

Tenemos una profesión que ha aumentado enormemente su preparación precisamente en el momento en que la sociedad empieza a necesitar con mayor intensidad aquello que constituye el núcleo de su aportación: el cuidado profesional.

La duda de Laura era otra.

Si vamos a permitir que esa oportunidad se aproveche.

Tenemos un gran sistema para curar. Ahora tendrá que aprender también a cuidar

En nuestra conversación apareció entonces una reflexión que me pareció especialmente lúcida.

Laura no cuestionaba en absoluto la necesidad de seguir invirtiendo en tecnología, nuevos tratamientos, diagnóstico o terapias innovadoras. Al contrario. Esa evolución es imprescindible y explica una parte extraordinaria de los avances que hemos conseguido en salud.

El problema aparece cuando orientamos prácticamente todo el sistema hacia la enfermedad una vez que esta ya se ha producido.

Porque una población envejecida y crónica no necesita únicamente que seamos extraordinariamente buenos tratando cada episodio agudo. Necesita también que consigamos evitar muchos de esos episodios.

Necesita prevención, promoción de la salud, seguimiento, educación y cuidados que eviten complicaciones. Necesita que sepamos actuar antes de que el paciente termine en una urgencia, antes de un ingreso y, en muchos casos, antes incluso de que aparezca la enfermedad.

Laura decía durante la entrevista que, a su juicio, vamos tarde en esa reorientación del modelo sanitario. Nuestro sistema continúa teniendo un peso muy importante de la patología y de la curación cuando las características de la población están exigiendo cada vez más prevención y cuidados.

Y ahí introdujo además una cuestión que me parece especialmente interesante: el autocuidado.

Durante décadas hemos construido sistemas sanitarios muy protectores. Sistemas capaces de ofrecer una respuesta sanitaria cuando aparece un problema, pero quizá menos eficaces a la hora de conseguir que las propias personas participen activamente en la conservación de su salud.

Eso también tendrá que cambiar.

No significa trasladar la responsabilidad de la enfermedad al ciudadano ni cuestionar la universalidad del sistema. Significa comprender que una sanidad sostenible tendrá que ser capaz de cuidar y, al mismo tiempo, enseñar a cuidarse.

Trabajar hábitos saludables desde la infancia, promover la prevención y dotar a las personas de herramientas para responsabilizarse también de su propia salud no son elementos secundarios. Son parte del mismo cambio de modelo.

Y nuevamente la enfermería ocupa ahí una posición especialmente relevante.

Hablar de cuidados obliga también a hablar de recursos

Hay un momento en cualquier conversación sobre transformación sanitaria en el que aparece una pregunta inevitable.

Todo lo anterior parece razonable. Pero ¿cómo se lleva a la práctica?

Laura fue muy directa cuando empezamos a hablar de las prioridades que defiende desde SATSE: muchas de las propuestas terminan chocando con la misma pregunta, quién las financia.

Su posición es clara. Considera que España necesita aumentar la financiación destinada a sanidad y reclama además mecanismos que garanticen que esos recursos tengan realmente un destino sanitario.

Podremos discutir cuánto, cómo debe financiarse o qué prioridades deberían establecerse. Esa es una discusión legítima y probablemente compleja.

Pero hay algo en lo que creo que resulta difícil no coincidir: los modelos asistenciales necesitan recursos para dejar de ser solamente modelos teóricos.

Quienes trabajamos con organizaciones sanitarias lo comprobamos continuamente. Podemos diseñar una extraordinaria estrategia de cuidados, una carrera profesional, un modelo de humanización o una nueva forma de organizar los equipos. Pero si no existen profesionales suficientes, tiempo, formación y recursos para desarrollarlo, aquello que hemos construido difícilmente llegará al paciente.

Y esta cuestión conecta directamente con una de las reivindicaciones que apareció durante nuestra conversación.

Cuando hablamos de ratios, en realidad estamos hablando de tiempo para cuidar

La regulación de las ratios de pacientes por enfermera constituye desde hace años una de las principales líneas de trabajo de SATSE. Laura recordó durante nuestra conversación la iniciativa legislativa impulsada por el sindicato, respaldada por más de 700.000 personas, y su prolongada tramitación parlamentaria.

Pero más allá de la discusión política o sindical, creo que existe una manera especialmente interesante de mirar este debate.

Cuando hablamos de una ratio de pacientes por enfermera estamos hablando de números, pero esos números representan en realidad tiempo.

Tiempo para observar a un paciente, escuchar, educar, detectar un cambio, prevenir y responder cuando aparece una necesidad. En definitiva, tiempo para cuidar.

Por eso dimensionar adecuadamente una plantilla no puede interpretarse únicamente como una cuestión de condiciones laborales. También es una decisión relacionada con el modelo de atención que queremos ofrecer.

Una misma enfermera puede estar físicamente presente para seis, ocho, diez o más pacientes. Lo que cambia no es únicamente su carga de trabajo. Cambia también cuánto de su conocimiento profesional puede realmente dedicar a cada uno de ellos.

Y esa perspectiva me parece mucho más interesante que convertir el debate de las ratios exclusivamente en una confrontación entre administración y trabajadores.

En el fondo estamos hablando de qué cuidados queremos que pueda recibir cada paciente.

Quizá el problema ya no sea si la enfermería está preparada

Después de nuestra conversación me quedé pensando precisamente en esta cuestión.

Durante décadas hemos pedido a la enfermería que avance: que aumente su formación, que investigue, que se especialice, que amplíe su conocimiento y que participe en nuevos espacios.

Y la profesión lo ha hecho.

Al mismo tiempo, la evolución de nuestra sociedad está incrementando extraordinariamente las necesidades de cuidados, seguimiento, prevención y atención a la cronicidad.

Es difícil imaginar una coincidencia más clara entre lo que una profesión está preparada para aportar y lo que la sociedad empieza a necesitar de ella.

Por eso quizá la pregunta que debemos formularnos a partir de ahora sea diferente.

No tanto si la enfermería está preparada para dar un paso adelante, sino si nuestras organizaciones sanitarias, nuestras políticas y nuestros modelos asistenciales están preparados para permitir que lo dé.

Porque disponer de profesionales cada vez mejor formados para después conservar estructuras que limitan su capacidad de aportación termina siendo una oportunidad perdida.

Y quizá también una fuente de frustración para la propia profesión.

La profesión ha avanzado. Ahora tiene que avanzar el sistema

Esa es probablemente la principal reflexión que me llevé después de sentarme con Laura.

Nuestra conversación comenzó hablando de su trayectoria y de aquel sentimiento de falta de reconocimiento profesional que la había acompañado desde joven. Y terminó llevando inevitablemente a una discusión mucho mayor sobre el lugar que los cuidados deben ocupar en el sistema sanitario del futuro.

En realidad, ambas cuestiones están profundamente relacionadas.

Reconocer de verdad a la enfermería no consiste únicamente en reconocer públicamente su importancia.

Consiste en construir un sistema que sea capaz de utilizar todo aquello que la profesión puede aportar.

Significa crear espacios reales de desarrollo, disponer de plantillas adecuadas, orientar una parte mayor de la asistencia hacia la prevención y la cronicidad y entender que el cuidado profesional será cada vez más determinante para la calidad y la sostenibilidad sanitaria.

Para conseguirlo harán falta recursos y decisiones políticas, pero también hará falta algo que aparece una y otra vez en esta serie de conversaciones de Foro FNN: liderazgo.

Liderazgo profesional para defender nuevos espacios sin perder de vista la finalidad asistencial. Liderazgo institucional para convertir necesidades conocidas desde hace años en decisiones. Liderazgo dentro de las organizaciones para transformar realmente los modelos de atención. Y liderazgo enfermero para conseguir que los cuidados dejen de ser considerados algo que simplemente acompaña a la asistencia y ocupen el lugar estratégico que probablemente van a necesitar durante las próximas décadas.

Porque una de las grandes preguntas sobre el futuro de nuestra sanidad quizá no sea únicamente si seremos capaces de diagnosticar antes, disponer de mejores tecnologías o curar cada vez más enfermedades.

Será también si seremos capaces de cuidar mejor a una sociedad que cada vez va a necesitar más cuidados.

Después de escuchar a Laura, tengo bastante claro que la enfermería quiere asumir esa responsabilidad.

Ahora toca conseguir que el sistema le permita hacerlo.

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